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El FUEGO, inseparable, indispensable complemento de vida que acompaña al hombre desde su descubrimiento, lo usa como fuente benefactora de luz y calor, también como arma para amedrentar a los contrarios y como no, para someter a sus semejantes. Pero esta fuente de poder no siempre fue controlada por el hombre, por eso, éste le teme cuando se desata furiosamente y lo arrasa todo a su paso. Como todo dios que se precie, tiene infinita bondad y, por contrapartida, infinita ira. Este aspecto indivisible forma parte de su totalidad. El hombre se siente entonces pequeño, vulnerable y completamente impotente ante él, por esto le otorga un carácter divino.
En lo que se refiere a Canarias, el fuego está presente como elemento importante en muchas expresiones populares, por ejemplo en el culto a los muertos (Velatorios, Ranchos de Ánimas), en festejos (Bailes de Candil) y, por supuesto, en esa noche especial y mágica de San Juan, donde a la gente le gusta realizar juegos adivinatorios, predicciones, ritos agoreros y, como no, saltar y bailar alrededor de la hoguera para purificar los males, para "botar afuera lo viejo", descargarnos para seguir adelante renovados. Tradición en la que participan los niños con semanas de antelación, limpiando solares, barrancos, desvanes y escombreras, apartando y apilando todo lo que pueda arder, colaborando sin saberlo, en un gesto ecológico con espíritu renovador, tirando todo aquello que no nos sirve para que el fuego lo transforme en humo y cenizas. "Hasta que estalló el “boom” turístico en el Puerto de la Cruz (años cincuenta del siglo XX) los habitantes de esta localidad costera se dedicaban en su mayoría a la agricultura y a la pesca, conservando y manteniendo vivas un conjunto de entrañables tradiciones. Sin duda alguna, una de las más renombradas y rememoradas por sus viejos habitantes era la representada por el cúmulo de regocijos celebrados en torno a la víspera y el día de San Juan." Texto extraído del libro "La Fiesta de San Juan en el Puerto de la Cruz" de los autores Manuel J. Lorenzo Perera, Belén García Martín, Elisa Ledesma Machado y Liduvina Pavés Borges. "En las curiosas y diversificadas costumbres revividas cada año intervenían todos los miembros de la familia. Se trata de una fiesta de participación colectiva en la que los diferentes grupos, por sexos y edades, tenían cometidos específicos, contando, eso sí, con el beneplácito y la presencia contemplativa de los restantes miembros de la comunidad.
Estas costumbres eran numerosas, por ejemplo: Levantarse temprano para ver bailar al sol; juegos y acertijos realizados por las mujeres jóvenes en edad casadera como poner tres papas o duraznos bajo la cama, los papelitos en un plato, plantar brotes de rosales, lanzar o dejar en la calle claveles y clavellinas y ver quien los recoge; hacer arcos de frutas y flores domésticos en la víspera (El arco de la silla); enramado de chorros; preparación de comidas especiales; recogida de plantas medicinales y prácticas curativas; baño de cabras en el mar; peregrinación de las gentes hasta las playas para pasar todo el día en ellas y luego bañarse, y por supuesto las hogueras o fogaleras." Texto extraído del libro "La Fiesta de San Juan en el Puerto de la Cruz" de los autores Manuel J. Lorenzo Perera, Belén García Martín, Elisa Ledesma Machado y Liduvina Pavés Borges.
Por todo esto y para evitar que esta tradición desaparezca, cada año el Área de Cultura desarrolla múltiples actividades en la playa (conciertos, espectáculo musical, teatral y multimedia, fuegos artificiales...) y en otros lugares del municipio (enrame de chorros, tradicional baño de cabras...). Es una manera de preservar esta profunda tradición portuense, recuperando el patrimonio arquitectónico (chorros públicos del municipio) y etnográfico.
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